No hace tanto tiempo, antes de existir el e-mail, mandábamos cartas. Las escribíamos en un papel adecuado, las metíamos en un sobre, comprábamos un sello en el estanco, las echábamos al buzón y esperábamos pacientemente varios días hasta que llegaban a su destino. Un ritual que ahora se nos puede antojar, cuando menos, lento, inseguro y caro. Aunque el e-mail tal y como lo conocemos data de mediados de los años 70, no es hasta bien entrados los 80 que se empieza a “popularizar” su uso. Recuerdo que en aquellos tiempos (que “antiguo” me siento al decir esto) era habitual llegar a casa, abrir el buzón y recoger varios folletos publicitarios de todos los colores y sabores. Sí, entonces también existía algo parecido al spam, aunque en un grado mucho menor, debido en parte al coste económico de spamear (en aquel entonces “buzonear”). Así pues, entre el spam buzonero, y las facturas que cada vez poblaban con mayor asiduidad nuestro buzón, eran habituales conversaciones tales como esta: ELLA: “¿Has mirado el buzón?” EL: “¿Para qué, si sólo van a haber facturas?” Si alguna vez, de niños, habíamos deseado que se abriera el buzón para comprobar si de él salía algún manjar exquisito en forma de pamfleto, postal o carta de algún/a amiguit@, ese momento quedaba muy lejano.

Por suerte, un día descubrimos el e-mail, y poco a poco fuimos recibiendo los primeros, empezamos a utilizarlo para comunicarnos con los demás, sobre todo con nuestros amigos más cercanos, nuestros contactos profesionales, etc… Habíamos recuperado las ganas de abrir el buzón, aunque ahora fuera el del correo electrónico, porque los pocos mensajes que manejábamos eran del todo interesantes para nosotros. Sin embargo, al principio se trataba de uno cada X tiempo, luego uno al día, luego varios… hasta llegar a la actualidad, en la que es fácil encontrar a mucha gente que recibe (recibimos) más de 50 y más de 100 mensajes al día, spam incluido. Eso nos obliga a usar herramientas anti-spam, filtros automáticos y demás pero, sobretodo, ha eliminado por completo el poder afrodisíaco de recibir un e-mail, pues ya relacionamos e-mail con trabajo, facturas y spam y porque, para bien o para mal, para comunicarnos con los amigos y otros contactos hemos empezado a usar las redes sociales.

Cupón AdWords

Y llegados a este punto, vemos como se ha dado la vuelta a la tortilla; vemos que el spam ha mutado, ha crecido y se ha aposentado en nuestro buzón de correo electrónico, mientras que nuestro buzón de casa no recibe apenas publicidad y cada vez llegan menos facturas (cada vez resulta más habitual recibirlas por correo electrónico).

Tanto es así, que Google, una empresa que posee uno de los servicios de E-mail más usados, que dispone del e-mail de absolutamente todos sus clientes, que tiene casi la certeza de que si manda un email a sus clientes estos lo van a revisar, porque no suelen mandar cosas banales, ni mucho menos spam… Esa empresa, Google, ha recurrido al correo tradicional para comunicarse con sus clientes y hacerles llegar unos vales promocionales para AdWords. Desconozco la magnitud de la campaña, así como si se trata de una prueba, o de algo muy puntual… no se; sólo se que Google me ha mandado una carta en lugar de un e-mail, y que me ha gustado recibirla, signifique eso lo que signifique. ¿Qué significa para tí? 🙂

(Que me perdonen los geeks más puristas del lugar por obviar de forma tan cruel el tema de las BBS, de Fidonet, del correo QWK y de otras muchas “herramientas” que merecerían ser mencionadas aquí y no lo han sido por simplificar)  🙂